La explosión tecnológica que
hemos vivido los últimos 15 años no tiene precedentes en la historia y no solo está
cambiando nuestra forma de vivir y comunicarnos, sino que también está alterando
rápida y profundamente nuestro cerebro.
La tecnología digital nos influye
no solo en la manera de pensar, sino en la de sentir y de comportarnos, tanto
es así que hay estudios que afirman que se están produciendo cambios en
nuestros circuitos neuronales, alteraciones que con su repetición pueden transformarse
en algo permanente. Lo más impactante es que este proceso evolutivo del cerebro
ha aparecido rápidamente en el transcurso de una sola generación. Las personas
que hoy tienen entre 10 y 25 años son los más expuestos al impacto de la
tecnología digital, son jóvenes que no conocen un mundo sin computadoras o
celulares inteligentes, también llamados los “nativos digitales”, estos sujetos
rara vez entran en una biblioteca y muchos menos consultan una enciclopedia,
sus aliados son Google, Wikipedia, Facebook y otros sitios.
Del otro lado estamos todos
nosotros, docentes y educadores, llamados “inmigrantes digitales”, que debimos
aprender la tecnología, ya que llegamos a ella de adultos.
¿Qué impacto tiene esta
diferencia en la relación con la tecnología?
En principio tendríamos cerebros
distintos, a medida que el cerebro evoluciona y pone su foco en las destrezas
tecnológicas, se aleja de las habilidades sociales más básicas, por ende se
está redefiniendo no solo la forma de comunicarnos sino de llegar a las
personas e influir en ellas. (Small, G. El Cerebro Digital)
Además de la brecha digital, la brecha
generacional y la brecha
institucional expuesta por Buckingham, deberíamos tener en cuenta lo que Gary Small define como brecha cerebral, y
tenerla en cuenta a la hora de diseñar los métodos y herramientas pedagógicos
que ayuden a generar el interés y aprendizaje en los más jóvenes.
Algunos de los cambios que se observan en el
cerebro están relacionados con la
Atención, los nativos digitales y por adaptación también los Inmigrantes
digitales, mantienen su atención por cortos períodos de tiempo pero con una
rápida capacidad de selección, por ejemplo, al realizar una búsqueda en Google
sobre algún tema específico dedican en general 2 segundos o menos a cada página
para seleccionar la información más relevante, obteniendo buenos
resultados. O sea, el cerebro aprende a
centrar la atención con rapidez, analizar la información y casi de forma
instantánea decidir seguir o no. También hay estudios que comprueban que la
capacidad para realizar varias cosas a la vez está aumentando al igual que la
inteligencia medida con los test de coeficiente intelectual, a su vez se está
produciendo un atrofio de las destrezas clásicas de la relación cara a cara,
una disminución en la espontaneidad de las relaciones interpersonales y un
aumento del aislamiento social.
Creo que como educadores tenemos
un desafío muy fuerte por delante y la inclusión de las TICs en la enseñanza podrían
estar mostrándonos el camino para poder participar de estos nuevos escenarios.
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